10.04.2007

PROSOEMA No. 48 (12/10/2007)

DOS POEMAS

Marissa ArroyalCÍRCULO AZUL
El mar azul tiene la ciudad,
la ciudad tiene la montaña,
la montaña tiene el árbol,
el árbol tiene la flor,
la flor tiene el pájaro
y el pájaro el cielo azul.

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EL RÍO
Caballo de agua que pasa
entre hondos tallos de laca.
Viene con aromas de sombra.
Viene con peces de nácar.
Siempre el mismo y siempre otro.
Caballo de la montaña.

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LA MONTAÑA
QUE VINO DEL MAR
Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 2007.
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Texto de la Presentación del libro
Desde que conozco a Marissa Arroyal, he sabido de su amor por las montañas que constituyen el límite norte de la ciudad de Caracas.
Gran parte de los poemas escritos por ella que he tenido ocasión de leer, los ha inspirado en parte o en su totalidad la serranía del Ávila.
Como algunos de estos textos están integrados en libros y otros no, he llegado a pensar que el propósito de Marissa es componer un gran rompecabezas, cuya imagen definitiva sea un colosal retrato de ese conjunto de montes que resguarda a la capital venezolana de las correrías de los huracanes caribeños.
Pero no un retrato simple, como el que se realiza mediante una cámara fotográfica y en el que, tal como los difuntos, todo queda igualito, sino un retrato amoroso, de esos que una persona enamorada hace del objeto de su adoración.
En cada uno de estos poemas, Marissa Arroyal muestra al Ávila que todos podemos ver pero, especialmente, a aquel que ve con su gran sensibilidad y en el cual ha experimentado momentos inolvidables.
Ambos ávilas son dibujados por ella con las mismas palabras sencillas y cariñosas de quien trata de conservar, en la memoria propia y la ajena, las imágenes de su particular Paraíso.
Como su amigo me consta que este trabajo lo hace con la minuciosidad y el compromiso de quien cose con hilos de oro.
Y ha sido por esta entrega a la palabra y al objeto que ella designa, que el libro que hoy presentamos, La montaña que vino del mar, se hizo acreedor al Premio Único de la Bienal “Canta Pirulero”, del Ateneo de Valencia, en su versión de 2004.
En él, la serranía del Ávila se pone al alcance del niño lector, en versos límpidos, frescos, como las aguas que descienden de la montaña.
En él, también, se expone en muy selectas palabras, cómo el mar construyó a la amada montaña; cómo los arroyos avileños escriben mediante acrobacias, su descenso hasta el valle de Caracas; cómo la serranía se cubre de helechos de luz para mostrar su inigualable verdor; cómo la brisa, cuando pasa entre los bambúes, propone un baile a las hojas secas y a las lagartijas; y cómo una mata de plátano, en el abismo de un barranco, da la impresión de haber naufragado en la vida.
Invito a comprar y a leer este libro hecho con el amor de quien pareciera dispuesta a arrullal a sus lectores.
Muchas gracias.
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Texto: Armando José Sequera. Leído en Valencia, estado Carabobo, el 28 de septiembre de 2007-09-28, en el II Encuentro de Literatura Infantil y Juvenil.